Las que NO me amaron

En honor a ellas, y en sus nombres a todas

Introducción

 

Prólogo

 

Poemas

 

 

Mientras sueñes el sueño que sueñas

Mientras sueñes…El sueño que sueñas
se hará compromiso la vida,
el futro será mañana
y andarán los “ayeres” de huida

Porque nada será decisivo
ni siquiera tampoco severo,
el misterio será tu amigo
y andarás un camino certero.

Mientras sueñes…El sueño que sueñas,
sobraran los motivos de libertad.
Y no habrá carcelero en el mundo,
que consiga impedirte soñar.

Y se hará melodía el silencio
en un lento sendero de paz
en ausencias de afueras y adentros
serán tiempos de franca igualdad.

Mientras sueñes…El sueño que sueñas,
sé que Entero contigo andarás,
quizás el corazón te sorprenda,
si a tu lado otros quieren marchar.

Mientras sueñes el sueño que sueñas,
serás unión y entera diversidad,
porque ese sueño que solo tu sueñas,
ya nadie nunca lo podrá soñar.

Porque todos…tenemos un sueño,
que nos invita cada día a volar,
él que agita el motor de tu empeño
y te incentiva a no claudicar.

Milagro

Si puede una voz ser bitácora en la bruma,
o una mirada un mojón en el vasto desierto,
si puede una sonrisa despejar lo que abruma,
o recordarte un gesto que aún no has muerto.

Si puede una mano tenderse a tu encuentro,
amalgamando la química de ese momento.
Si puede un respirar restituirte el centro,
susurrando a tu oído un bello argumento

Si puede una caricia brindarte refugio,
cuando a por ti vengan los recuerdos.
O si en un hombro descubres el artilugio,
que te permita continuar entre los cuerdos

Si puede una palmada ofrecerte otro paso,
o al entrelazar los dedos encuentras sostén.
Si unos ojos te remiten al maternal regazo,
o te resguardan unos brazos cual terraplén.

Si puede un pecho tus lágrimas enjugar,
cuando de nuevo te asalte el desconsuelo.
Si pueden esas rodillas volver flexionar,
para con levedad juntarte desde el suelo.

Si regresa ese soplo con tus cabellos a jugar,
el que esparcía por tu rostro la frescura.
Si en tu amparo un músculo se ha de tensar,
cuando se torne temerosa tu bravura.

Si pueden esas piernas otorgarte vigor,
cuando ya no quieran tus sueños caminar.
Si puede ese vientre tu temor apaciguar,
cuando en sombras te persiga el estupor

Si puede ese pensar llamarte a reflexión,
cuando sólo te creas invadido de razón.
Si puede un alma adormecerse en tu rincón,
cuando todo el aire te presagie desazón.

Si puede ese espíritu en la tormenta ser timón,
cuando los vientos de favor devenguen en tifón
Si puede esa energía eludir a tiempo su remezón,
te ha dado la vida un reloj que marcha a corazón.

Si puedes creer que te refiere lo que versa,
más allá de lo dicho y también lo conjeturado.
Si diestro resultara tu sentir con el viceversa,
he de considerarte sumamente agraciado.
Entonces que no ande tu percepción dispersa,
ni te detengas en lo que otro predica apropiado.
Tú…Ya mucho has logrado…
Porque…
Se es artífice de un milagro
Cuando penas y alegrías se hacen par
Y en mitades se sustenta el andar
De un camino que se presume largo.

Solo por Coincidir

Acaso de tanto buscarte,
solo logre perderte,
pero no quiero librar a suerte,
este deseo de encontrarte.

Sabrá Dios si es karma,
lo perdurable de esta conexión.
A veces, te percibo con el alma,
sin conjeturas, ni reflexión.

Distante, pero cercana.
Real pero difusa.
Y aunque mi razón se afana,
no logra en olvido excusa.

Parece un milagro coincidir,
como en una vida ya vivida,
quizás el destino pueda decir,
cuanto se juega en esta partida

Existe un Justo Poder del Amor.
Donde cada acto lleva justicia.
Cuando su potencia nos llena de valor,
transformando la relación en nutricia.

No ha de haber pecado en coincidir
y ha de aceptarse sin temor el devenir.
Es que sólo se trata de dejarse fluir,
pues seguro, ha de ser más doloroso fingir.

Nada que tú no quieras quiero.
Nada que tú no puedas pretendo.
Espero que sea el tiempo el alfarero
y en futuro nos vaya convirtiendo.

Amarme ¿Después?

Después cuando muera el día
y el silencio de todo se adueñe,
después de que mil veces te sueñe,
amante… ilusoriamente mía.

Después de descifrar cada gesto
y de evaluar todo comentario,
después de aprobar el escenario
y si acaso, perdurare tu deseo presto.

Después de la sentencia rutinaria,
cuando languidezca el fragor del trabajo,
después de la imaginación sectaria,
sino se está, por ende cuesta abajo.

Después del compromiso social
y del acecho de la cultura,
después de cada discusión trivial,
sino sugiere el entorno armadura.

Después de sobrellevar la apatía
y la musa carente de inventiva,
después de la abulia arpía,
sino se antojare la suerte esquiva.

Acaso el después te sepa igual,
cual Dios que el tiempo atesora,
o la facultad del poder que avizora,
que nos dará tregua el final.

Entre Tú y Yo

Es desde tú allá y mí acá,
que nuestras almas comprendieron el aquí.
Ese, que me tiene sin ti, pero que a su vez me llena de vos.
Es que tu ausencia se hace presencia
Y al extrañarte te vuelves corpórea,
porque nuestra magia tiene licencia,
aunque no sea para otros idónea.
Y ni siquiera yo entiendo,
como obra el milagro de tenerte sin hacerlo.
Es que, hasta mi mundo te la pasas viniendo.
Aunque ni tú ni yo, creamos quererlo.

Tú de un lado y yo del otro.
Pero unidos por el sueño,
de que el tiempo esperaba por nosotros,
para retribuir a cada corazón su empeño.
Despojados de lo tangible.
Pero esperanzados de ilusión,
se hace factible lo imposible,
cuando carece de sentido la razón.

Y con ternura, llega mi mano hasta vos,
desde una incomprensible distancia lejana,
con el anhelo de ser tu arrullo sin voz
y de que venzamos el miedo al mañana.
Te quiero… lo sabes y lo sé
y es ese cariño, el que amengua la espera,
esa que tan sólo se tolera,
desde un profundo acto de fe.
Estaré cuando quieras,
pero cuando no, también.
Es que quería, que sin saber supieras,
que solo con que existas, me haces bien.

De ilusorios delirios reales

Quizás tu corazón que me destierra,
deba aprender del pertinaz labriego,
que siembra y cultiva siempre la misma tierra,
pero se las ingenia para dar a su alma sosiego.

No es la terquedad de quien como loco se aferra,
ni la obsesión del que persigue su meta cual ciego.
Es como el alfarero, que de tanto modelar ya no yerra,
o como el diestro… que pulula gozoso en su juego.

Hay quienes dicen, que el amor amando se hace
y también los que desisten al primer vendaval.
Para muchos el sólo buscar es lo que les place,
mientras otros, le custodian con ímpetu visceral.

Si relegas mi sentir, al arrabal de tu mundo,
no albergues el presagio de ser centro del mío,
si bien perduro aún como vergel fecundo,
puede convertirse mi terruño en sombrío.

Si sólo vera he de ser en tu camino,
o mero, espectador distante,
no procures frente al desatino,
que tribute mi bregar constante.

Si fervor, por frío has de trocar,
al cobijo de alguna razón difusa,
no ha de alcanzar con evocar,
los argumentos de ninguna excusa.

Incrementamos la necead al confundir,
pensamiento y sabiduría con emoción,
necesidad, capricho y deseo con sentir,
decisión con derecho u obligación.

No son mis palabras de fácil adular,
pues supongo tal accionar reservado,
para quienes necesitan algo conquistar,
cual trofeo, para luego ser apreciado.

Si hasta las orillas de mi frontera has llegado,
para establecer junto a ella tu aldea,
no ha de ser porque el viento te ha arrastrado,
sino por disponer en beneficio la marea.

Y aunque mal supongas haberme confinado,
has de saber que para el alma no hay decretos.
A veces goza, de libertad el condenado,
y los jueces el ostracismo de sus vericuetos.

Con reniego en tu mochila me cargarás,
y a mí pesar el fantasma de tus sombras seré,
aunque lejos, junto a mis sueños amanecerás,
en suaves fragancias y esfumados espejos retornaré.

O quizás vuelva a tu espíritu la mansedumbre,
despejando del horizonte las tinieblas,
o la sensatez que es tu virtud de costumbre,
recupere la madurez que asiduamente pueblas.

Mejor amada, sigue durmiendo a mi lado,
mientras mi vuelo persigue a Ícaro en fantasía
y cuando por fin logres haber despertado,
ya no será del futuro el augurio de este día.

Mi Sol

Sol que al sol obnubilas.
Entre tus Eneros y mis Abriles.
Se entrelazaron nuestras pupilas,
en intensos destellos febriles.

Ha de ser, que no será en esta vida,
el Amor que tenemos pendiente.
Y no porque sea en virtud fallida,
sino porque no ha querido ser coincidente.

Sabes que te espero,
en nuestro próximo encuentro,
para dejar el saldo en cero,
y recorrernos metro a metro.

Mi Sol no aventures,
aparcarte a mi vera.
Todo cuanto conjetures,
puede sucederle a cualquiera.

No tientes al destino.
Que sea, en el tiempo que sea.
Igual… ha de ser divino,
cual belleza que el Dios crea.

Te quiero hoy y en mil años.
En esta o en diez vidas enteras,
y será desandando peldaños,
cuando nos hallemos de todas maneras.

Epitafio a tu amor

Comúnmente ajado y deslucido,
por quien espera siempre más,
como entregado al descuido.
Ni sincero, ni pertinaz.
A cuenta gotas y medido,
como máquina de calcular.
Apenas ofreciendo lo debido
y sin momentos para jugar.
Ni misterioso, ni sorpresivo.
De vuelo raso y quejumbroso,
nunca de carácter intempestivo
y más parco, que asombroso.
Devenido en avaro.
Teñido de mediocridad.
Alejado del amparo.
Trocado con intencionalidad.
Aquí yace nuestro amor,
otrora de ilusiones por venir.
Ahora apenas un clamor,
sin talento para sobrevivir.

Que ha de saber

Que ha de saber quién nunca,
se cobijó en tu mano,
se reflejó en tu sonrisa,
o tembló en tus labios.

Que ha de saber quién nunca,
se miró en tus ojos,
se adormeció en tu pelo.
se insufló en tu aliento.

Que ha de saber quién nunca,
se desgarró en tus lágrimas,
se arrodilló en tu pena.
O zozobró en tu dolor.

Que ha de saber quién nunca,
se amparó en tu orgullo,
se halagó en tu altruismo,
se emocionó en tu entrega.

Que ha de saber quién nunca,
canto tu canto,
rio tu riza,
rezó tu rezo
lloró tu llanto.

Contradicción

Si vas, no vienes,
he allí la aflicción.
De lo que se quiere y se puede,
se nutre la contradicción.
Eres libre como el viento,
pero a su vez, esclavo como el mar,
a veces el encierro te ínsita a volar
y en otras, el cielo te logra encerrar.
No puedes, querer y odiar,
o intentas odiar para mal querer,
o decides querer para no odiar.
Puedes estar, presente o ausente.
Pero no ambas a la vez,
solo Dios es omnipresente
y nosotros lo pretendemos ser.
Ha de haber, un lado y otro
y también un centro que es opción.
No somos inocentes por omisión,
sino por cargar con la decisión.
Aquí o allá, poco importa,
porque es tu fe la certeza.
Es como tu ser se comporta,
lo que te proveerá entereza.
La contradicción hace al hombre ambiguo
y le genera al espíritu pobreza.
No hay allí resultado exiguo,
nada más lejos de la proeza.
Quien en contradicción ha decidido vivir,
tiene a la frustración por debilidad.
Compró boleto a la infelicidad,
para todo un viaje por sufrir.

A Mi Compañera

Acaso resulte una quimera,
pero con palabras yo quisiera,
dedicarte,
el amanecer y el ocaso,
o derramar la luna en cada trazo,
sólo por ser mi compañera.
Anhelo hallar la frase certera,
mediante la cual pudiera,
rociarte… de fresco rocío,
o regalarte el manantial o el río
sólo por ser mi compañera.
Sueño, en una oración cualquiera,
descubrir la mágica manera,
de ofrecerte por una vez siquiera,
el verde aroma de la primavera,
solo por ser mi compañera.

Ni pocos, ni sabios, ni suicidas

Devinieron las caricias en asperezas,
por ofrendar tu sentir con parco recelo
se agudizaron tus ojos con las torpezas
y puso tu mirada en lo virtuoso un velo.

Ahora que todo es gris, superfluo y rastrero
y ya no permite la pétrea razón claudicar,
te amparas en la jactancia del decir altanero,
adiestrando el cerebro para poder justificar.

No nos resguarda de la alienación una coraza,
y decir que no se extraña parece mera necedad.
Vociferar las bajezas ajenas no da templanza,
ni el propalar decoros se trasunta en necesidad.

Divaga mi genuino deseo cual loca utopía,
de escucharte alguna vez admitir el error,
más languidece tu humildad de osadía
y a costa de falacias acrecientas el rencor.

Pretendes bosquejar el mundo con palabras,
menospreciando las dudas con afirmaciones,
es lo que nos pasa fruto de las acciones
y no fortuitos designios de suertes macabras.

Aquello que hoy desprecias con repugnancia,
puede ser mañana lo que clamarás
y no ha de sobreseernos la ignorancia,
por lo que con soberbia dejamos atrás.

Ríes con burlona seguridad,
mientras el nudo al otro ahoga.
Invitas al patíbulo con ingenuidad,
sin saber que jalas tu propia soga.

No son pocos, ni sabios, ni suicidas,
los que, buscando al ser de sus sueños,
obnubilados por delirantes empeños,
se la pasan dilapidando al de sus vidas.

Sueño

Cuán venerable bendición
es para mí albergarte
se empecina contra ti la razón,
pero el alma en sustentarte.

Por imaginario, frágil concebido,
víctima incondicional de lo real,
te condena lo vivido
y me sosiegas por natural.

Quizás quiera el destino,
aplazarte a vana utopía,
más por osado el desatino,
no serás recuerdo de un día.

Por no saber claudicar,
lo más fiel que he tenido,
pueden acaso tu honor mancillar,
más nunca serás prohibido.

Calla…siempre…calla,
que no necesitas estridencia,
en el oído de Dios es tu batalla,
no en el hombre y su ciencia.

Y no por silente eres poco,
sos todo… ¡Todo un sueño!
Quédate aquí con este loco,
pues sólo yo soy tu dueño.

En ascuas

Pusiste el epílogo de tu vida en ascuas,
al llenar tus entrañas de carnaval.
Por no sosegar en vísperas de pascuas,
ese precario y efímero impulso carnal.

Y ahora que se perciben los sonidos lejanos,
de redoblantes, panderetas y violines.
Poco a poco vacían de fiestas sus manos,
los payasos, las comparsas y los arlequines.

En ocasión de que el humo se ha disipado
y que no solo de arrepentidos se sirve el supremo.
Por horas de jolgorio el futuro has desperdiciado.
Es eso, mi querida amiga… lo que me temo.

Sospecho no han de bastar los recuerdos,
que como salvavidas atinas por argüir,
no es que se reserve el mundo a los cuerdos,
pero sí… a los osados que le saben vivir.

Quizás sea este el poema prohibido,
el que acaso nunca debí escribir,
ese que no entiendo por aturdido.
O mejor dicho que no quiero percibir.

Espero me perdones, pálida mujer gris.
Pero no hay bellezas, nidos, ni balcones,
se respira el presagio de un paraje sin matiz,
exiguo en utopías e infestado de bribones.

Vida que regalas vida

La magia de aquel día,
convirtió en nuestro tu latido,
convidando al mundo la algarabía,
del futuro en tu vientre concebido.

Y la caricia del hombre padre,
se posó sobre tu rostro con ternura,
con dulce voz te bautizó madre
y te apreciaron cual mujer más pura.

Se olvidaron las vecinas de la muerte,
y trocaron murmullo por voz en alza,
hay buenas nuevas por tu simiente,
abriéndole postigos a la esperanza.

Vida que regalas vida,
con el coraje del compromiso,
quizás juegue el destino su partida,
más tú, se la impones sin pedirle permiso.

Soy el hijo de tu adentro por nacer,
y te descubres por hembra a la bravura,
lleva la existencia un retoño de tu ser,
del que cuidarás más allá de la cordura.

Y al parir con bello dolor,
retribuirás en cada niño lo pedido,
se doblega el universo ante tanto amor,
sin leyes ni miramientos concedido.

Y ahora que milagro ya eres,
ese que a la especie dignifica,
el que vaticina la perpetuidad en la que crees,
y por el cual, hasta mi Dios te gratifica.

Deja que el viento

Deja que el viento susurre suave a tu oído,
lo que no aspiras de mis labios escuchar
y en un día cualquiera, como al descuido,
la brisa de mis palabras te ha de acariciar.
Cuando tus pasos seguros consuman,
lo que destino aventuran algunos llamar,
con levedad de trino tu senda he de visitar,
librando el horizonte de quienes te abruman.
Y cuando ya pretendan recuerdo declararme,
me volverán tus tibias manos a modelar,
incrédulas y trémulas ansiaran sujetarme,
logrando que cada instante consiga perdurar.

Deja que el viento vuelva con tus cabellos a jugar,
he imaginaras mis manos entrelazadas y acariciantes,
vívidas y tiernas con la virtud de amalgamar,
el último resquicio de pasiones agonizantes.
He insúflale al aire tus miedos postrimeros,
remontándolos hacia antípodas auroras,
condenando a los intentos viles y embusteros,
a colmar de esplendores la bajeza de sus sombras.
Y frente a aquellos que los Entres desprecian,
al burlarse con ignorancia, de la virtud del Estar,
has de blandirme con cualidad de talismán
y cual a hojarascas el soplo les ha de ahuyentar.

Deja que nuestro viento con dulzura te cuente,
el idioma, que a los amantes murmuran las palomas,
lo que pregonan las cantarinas aguas de la fuente
y los mensajes que esconden las flores en su aroma.

Y cuando creas que ha mutado el universo en silente,
sumérgete en su mutismo para poder escuchar
y si logras acallar los ruidos que alberga tu mente,
percibirás que hasta las piedras pueden cantar.

Y entonces humilde, callada y permeable,
con la liviandad dispuesta al asombro,
deja que el cosmos con su melodía te hable
y posa tu paz, de renovada plenitud en su hombro.

Es que existe mujer…un tiempo de voces en vuelo,
con las que el viento musita sus augurios bellos,
donde devienen en música los ecos y destellos
y nos invita la vida… al coraje de nacer de nuevo.

Amores de máquinas

Alterando el ciclo circadiano,
proliferan los amores de oído,
de un mundo traído a la mano,
por un conversar desprevenido.

Jugando a la ilusión conectada,
en los supuestos vacíos siderales,
con la imagen del yo refractada,
inventando razones existenciales.

Necios amores de máquinas,
ocupando mentes necesarias,
llamadas a luchas legendarias
y devenidas en disputas sectarias.

Es en los tímpanos donde proliferan,
para morir en las lenguas negados.
Simples deseos que no prosperan
y sólo subsisten, por obstinados.

Del mismo modo que lo inerte,
difícilmente se logren reproducir.
Vicio en Círculo cerrado e inherente,
que más allá de sí, no logra construir.

Se acoplan cual engranajes.
Se estiran como resortes.
Crecen por andamiajes
y usan razones por soportes.

De génesis calculado,
medido y conservador,
Anda en el mundo ajustado.
Carente de sentido innovador.

El caos, lo desequilibra
el imprevisto, lo limita
ni siquiera el funcionar lo libra
porque el talento no le amerita.

Tus manos…Un mundo

Aunque lo niegues o ignores,
son en sí, tus manos un mundo.
Sencilla expresión de tus amores,
que convierten lo yermo en fecundo.

Levantan vuelos de caricias,
a veces sensuales, otras tiernas.
Sublimes artesanas nutricias,
amigables amantes maternas.

Celosas centinelas de juegos.
Carentes de reproches cenicientas.
En madrugas febriles apegos,
y en pasionales noches a tientas.

Solidarios bastiones incansables,
en luchas encarnizadas invencibles,
de justas causas inclaudicables,
y también de suaves mimos apacibles.

Remontando el planeo de barriletes,
o principiantes en la torpeza del balón,
cómplice en el rincón de los juguetes,
y regla de tres simple en el pizarrón

Residen en ellas el instrumento,
que fieles denotan las filosofías,
pues interpretan locuaz el argumento,
de lo que piensas, deseas o ansías.

Déjame habitar de tus manos el universo,
allí donde suele mi alma hallar cobijo,
te obsequio la precariedad de este verso,
casi nada, para el sitio donde anida el hijo.

Cuando

Cuando apenas me miras,
comienza a morir la muerte,
deja de ser azar la suerte
y se sinceran las mentiras

Cuando tu mano me requiere,
recobra el entorno su armonía,
prevalece aquello que se prefiere
y se hace propicia la utopía.

Es que cuando agasajas el encuentro,
andan las almas de festejo,
retorna el espíritu a su centro.
Y se vuelve retoño lo viejo.

Al intuir que debíamos ser dos,
forjamos el milagro del nosotros
y supimos que ni yo, ni vos,
podíamos ser algo sin los otros.

Entonces la vida agradece las simientes,
que concebimos con coraje y regocijos
y al arribar a la hora de los ausentes,
le habremos legado con amor nuestros hijos.

Y en ellos se resguardarán los anhelos,
sueños en los que humildemente creímos.
Pisaremos, sin pisar sus suelos,
pues será en ellos que aún vivimos.

Y cuando trasciendas cansada de ausencia
y si perduras queriéndome todavía,
recibirás del supremo complacencia,
por retribuirle tu existir con osadía.

Al intuir que debíamos ser dos,
forjamos el milagro del nosotros
y supimos que ni yo, ni vos,
podíamos ser algo sin los otros.

Almas

Almas reservadas a grandezas,
que no lograron alzar su vuelo,
por no entender que la proeza,
es al menos, alcanzar el cielo.

Apenas devenidas en terrenales,
abandonan instancias superiores,
por saciar caprichos banales,
de la carne en sus pormenores.

Habitualmente, un nuevo desperdicio,
que el prójimo, inocente no merecía,
solo bastaba un pequeño sacrificio
y una mera cuota de osadía.

Hemos, de llorar su pérdida,
el tiempo que el dolor nos permita,
y cuando sea nuevamente pretendida,
retornara el espíritu, a su lucha bendita.

Y allí, con sus pequeños menesteres,
aferradas a libertades restringidas
cumpliendo con pulcritud sus deberes,
se asilan las almas reprimidas.

En está, pero en otra vida quizás,
lograres asomarte al gozo,
al olvidar el deseo de placer fugaz,
cuando encuentre tú espíritu reposo.

Has de bregar por ahora,
en la labor infructuosa
de esperar en cada aurora,
despertar en la tarea majestuosa.

Lejos de vislumbrar la providencia
y de arrogarte la virtud de no transgredir,
desafiaste a tu conciencia,
a la bajeza de aprender a sufrir.

Altas almas, condenadas a poco,
por la razón que gobierna tus instintos.
Hoy heroicos… seriamos distintos.
Más…menos somos, que un pobre loco.

A las del sol en Virgo

Ud. sabe Virgen Señora,
que, a leguas de deseos,
mi ser cada tanto le añora,
evocando sus sutiles filisteos.

Vaya original modo de seducción,
desarrollan… Ud. Y sus pares.
Tan afanados en la perfección.
que, por detalles, nadarían mares.

Mejor que la palabra se ajuste
y no se le ocurra ser enérgica.
Acaso cualquier exceso le asuste,
desafiando su precepción estética.

Detrás de amores idílicos,
podrían deambular por lustros,
aunque aparentaren fatídicos,
han de ser para Uds. Sueños justos.

En un mundo refinado,
preferentemente de blanca pulcritud,
casi obsesivamente ordenado,
hacen de la previsión una virtud.

En ocasiones… sumamente leal.
Optas, porque otro comande la batuta,
Advirtiendo, sobre lo que puede salir mal.
Para lo cual, eres mágicamente astuta.

Das… sin esperar gratitud.
Despejas el camino en silencio.
A veces no logras plenitud,
y es tu hipocondría el precio.

A Uds., mis soles en Virgo les digo.
Que extraño, sus refinadas intuiciones.
Sé que nada ha resultado fácil conmigo.
Pero son sus enseñanzas, mis bendiciones.

Lorena

Acaso no esperabas encontrarte aquí,
pero es que me asaltó la pena
y por tal, a partir de ella intuí,
que no había verso, referido a Lorena.

Allí en el grácil mundo de la imagen,
donde discurres con elegante gracia
¿Crees que haya reservado margen,
para varones sin méritos, ni aristocracia?

En tu cielo de estrellas fulgurantes,
donde titilan brillantes las marquesinas.
¿Hay sitio reservado a los amantes,
o se vive a expensas de pamplinas?

Espero por tu mano glamorosa,
para que en un dejo de humildad,
venga a por mí, sutil y gloriosa,
aportando a cada vida su mitad.

Y es por cada caricia que no me das.
También por los mimos que escatimas
y la pasión de los besos que me negas.
Que me inspiras a proponerte con rimas.

Que bien pudiéramos amarnos como pocos,
más allá de tan significativas diferencias.
Porque es sabido, que los idilios de los locos,
son esquivos a las razones de las ciencias.

Noche de Amantes

Desalojar precioso de castrante armadura,
florecer feliz en corpórea forma,
velada ante mis ojos tu fortuna,
observo atónito, expectante, sin premura.

Tiendo mis manos por tus cabellos a deslizar,
los siento, pequeños, perpetuos, temerosos
y a su vez sensibles habitantes en gozo,
del amor fugaz a comenzar.

Susurros tiernos en frases audaces,
recorren tu cuello mis labios serenos,
ansiada unión de mi pecho y tus senos,
anidar fecundo de nuestro romance.

Haz de plata a través de cristales,
conspiración de cuarto en penumbras,
tú irradias la luz que me alumbra,
yo doy desenfreno a tus procesos geniales.

Cabalgar sensitivo de cuerpos en reposo,
ondulación sensual de siluetas,
del lecho las sábanas revueltas,
exaltación de sentidos, amor generoso.

Prefacio ideal en cada beso,
esparcidos en todas las dimensiones,
cúmulo celestial de sensaciones,
enrarecida la piel, los párpados tiesos.

Temblores y suspiros, resonancias de placer,
suspicaz traición de los instintos,
extraña percepción de aromas distintos,
deseos oníricos, propensos de acontecer.

Libertad como jamás expresada,
libidinosa transgresión de reglas y preceptos,
afanados en arribar a estadios perfectos,
igual que adolescentes en búsqueda alocada.

Y será tu vergel florido,
derrotero final de mis musas en celo,
éxtasis terrenal ascendiendo a los cielos
abrazo postrero de amantes complacidos.

Abstraídas las miradas hacia el techo,
respirar en jadeos prolongados,
con fuerza los dedos entrelazados,
renovados “te quiero”, de ansias satisfechos.

Instante

Existe un instante mayúsculo,
de mirada perfecta y cautivante silencio.
Un espacio sutil, oculto.
Donde perece lo mundano,
lo rutinario, lo vulgar.
Cuando padecer es lejano
y se opone al placer,
Un simple estirón de mano.
Lapso donde claudican.
Moralistas y represores,
donde dudan los santos
y tambalean los castos señores.
Para ese instante indecible,
donde la sabiduría se desbarata
y la imaginación linda con lo posible,
con que seas mujer…me basta

Tú…El Amanecer

Menudo resultaría tratar de explicar con palabras,
Como imaginaría a las personas que amanecen.
Aventuro suponer que son las divinas y simples obras.
Esas pequeñas cosas que milagrosamente florecen.

Y suelo gozar a tu lado cuando despiertas.
Ha de ser porque intuyo o mejor dicho porque sé,
que lo haces en mera esencia de plenitud.
Con ilusiones de títeres, payasos y marionetas.

No todos los que despiertan amanecen,
No se refiere a la nimiedad de abrir los ojos.
Ni a la espera vana del paso de ese, nuestro tren,
Ni siquiera de partir detrás de ansiados antojos.

“Pero” Tú… ¡Tú Amaneces!
Porque puedes bailar sin música
Porque puedes cantar sin voz, ni orquesta.
Porque te dejas envolver por el aura mística
De los que intuyen que todos los días son de fiesta.

Ha de ser por ello que anhelo, por largo tiempo comprobar
Que se me llena de júbilo el alma al comprender.
Que mientras yo, apenas me logro despertar.
Tú, a mí lado, cada día, decides amanecer.

Obra el Milagro

Obra El milagro de habernos conocido
Para echar a vuelo un ramillete de sueños
Para que gastadas ilusiones cobraran sentido
Y hacer nuevos los viejos empeños.
Obra el milagro de habernos querido
Para inundar de tibieza los recuerdos
Para redimir, cuanto nos hemos sufrido
Y atesorar aquellos tiernos acuerdos.


Obró Dios el milagro de habernos tenido
Para saber de la humildad de extrañarnos
Para comprender la tibieza que ha sido,
La hermosa bendición de encontrarnos.
Obra aún el milagro en la despedida
Por habernos amado hasta donde supimos
Por compartirnos en un pedacito de vida,
Y Porque cada uno es hoy, fruto de lo que fuimos.
Obra acaso también, el milagro en la lejanía.
Porque te acarician mis manos aunque no estés
Y llega hasta tus oídos nuestra dulce melodía
Esa que blandíamos, frente a un mundo al revés.
Y no dudo ha de Obrar el milagro en el más allá,
Porque donde encuentren mis huesos reposo,
Allí, en el preciso y perpetuo instante te hallará.
Pactándole a la otra vida, un futuro glorioso

Tu sonrisa

Tu sonrisa es una caricia

y un verbo a la confianza,

porque vocifera la notica,

con indicios de esperanza.


Es un tiempo, sin tiempos,

donde el sosiego reposa.

Donde amainan los vientos

Y se torna la furia piadosa


Tu sonrisa es el estandarte,

que cimienta el heroísmo,

ese maravilloso al brindarte,

sin dejar de ser tú mismo.


Sincero atisbo de gratitud.

Preludio al dejo de humildad.

Gesto en anuencia de finitud

y por pequeño …inmensidad.


Tu sonrisa mengua el yugo,

que soporta el hombro obrero.

Suaviza la mano del verdugo

y es sosiego para el guerrero.


Es amparo a la distancia.

Mojón de la imprudencia.

Es un faro para la audacia

y cobijo a la impaciencia.


Tu sonrisa es el puerto,

donde mi alma descansa.

Donde olvida haber muerto

y resucita su templanza.

No necesito conocerte

No necesito conocerte para quererte;
tu denodado intento de estar siendo persona,
es mérito de humanidad suficiente,
y en tal instancia no se reflexiona.

Es que la percepción me basta,
para dejarnos coincidir,
y la confianza no se desgasta,
cuando podemos dejarnos fluir.

Habrá un tiempo de no vernos,
tal como lo ha sido hasta hoy;
más nuestros espíritus gozan por sabernos,
como si nos dijéramos: "¡aquí estoy!"

Te siento y me imaginas.
Te pienso y me intuyes.
Sabe Dios que me adivinas.
Te sospechas próxima y no huyes.

Entre mis errores y los tuyos

Recuerdo haberte sugerido,
que intentaras no interpretar,
pues desde lo concebido,
no se puede observar.

Es en dicho caso la mente,
la que refracta la realidad
y sólo lo que le es inherente,
aprecia cual lógica verdad.

Y es desde ese juicio de valor,
que se inventan los personajes,
otorgando un rol a cada actor,
cual si fueran engranajes.

Son esos amores… ajustados,
reglamentados y ambiciosos.
Ni locos, ni únicos, ni aventurados
y mucho menos… misteriosos.

Propensos al drama,
neuróticos y posesivos.
Feroces en la cama
y de rasgos depresivos.

Es que los victimarios de Orión,
son propensos a andar en sigilo,
a desafiar del otro la emoción,
para poner sus sentidos en vilo.

Pero tú no sabes… que yo sé,
el artero juego de la seducción,
ésa… que es para ti un acto de fe
y tu mayor arma de manipulación.

Aún así te hubiese amado,
en condiciones igualitarias.
Sin enemigos disfrazados,
las fallas son comunitarias.

Demasiados mis errores,
como para los tuyos sumarles.
Entonces mueren los amores,
sin bellas alas que desplegarles.

¿Necesidad o capricho?

Vaya mujer entredicho,
al que invita la adversidad,
seguro has llegado al capricho,
pero dudas sobre la necesidad.

Y no es que tenga yo certeza,
pero osadamente arriesgo aventurar,
que necesidad refiere a naturaleza,
y capricho es apenas un modo de jugar.

Mientras que por él se compite,
situación ajena a natura,
y siendo su razón la que repite,
no ha de hallar el hecho clausura.

Mientras que la necesidad alivia los huesos,
el alma, el músculo, el espíritu;
el capricho se nutre de sucesos,
decretados a verdad con ímpetu

Es decir que este último se impone;
mientras ella, la otra, se vive,
el capricho sólo resolver supone,
y necesidad sin su fin, no se concibe.

Presumo en consecuencia,
que habrás aliviado tu ser,
no sólo en su apariencia,
sino por haber decidido crecer.

Es que de ello justamente se trata,
al lograr una necesidad satisfacer.
No ha de haber tarea más grata,
que la que nos permite aprender.

Persona que reza

Me cautiva la persona que reza;
no sólo por él, sino por sus hermanos.
Es evidente que sobre él pesa,
saber que las cosas escapan de sus manos.
La certeza de una existencia superior,
lo vuelve pequeño y humilde.
Al menos sopesa en su interior,
que no es un ser infalible.
Aquel que aprendiese a orar,
corre con la gran ventaja,
de que sus ruegos se logren escuchar
y un día se acomode la baraja.

Y descreo de quienes no lo hacen;
me resultan rígidos e inmutables.
Pareciera que con su razón se complacen,
como autoritarios inexpugnables.
Pero el hombre que reza,
vive próximo al perdón,
puede apreciar la belleza
y gozar en la sinrazón.
Me halaga verle franco,
de cara a su dolor.
Por no ser su vivir estanco,
siempre más cerca del amor.
El ser que se prosterna,
goza de mi confianza,
porque su vanidad merma
y con él labraría alianza.

De no haber sido

De no haber sido,
porque tú fueras tan tú
y yo tan yo,
quizás a nuestros abriles,
les hubiésemos menguado soledades.

Cierto es, que el valor de la libertad,
puede resultar intransferible.
¿Cómo podría entonces el destino, o la casualidad,
sembrar para segar, ante lo innegociable?

Pienso en ti,
cuando el indómito viento de la mañana
acaricia mi piel, con dejo apacible,
y me roba esa sonrisa cómplice,
esa que te ofrendo, por saberte impredecible.

Ninguno le quitó alas al otro,
pero cuando eso se vislumbra,
es mejor remontar el vuelo.
Así como lo hace tu viento…
que me acaricia, me recuerda, me susurra,
del mismo modo que el mío lo hace contigo,
para luego irse pleno del otro.
Sin presentes,
pero henchido de sueños

De no haber sido porque no quisimos,
quizás hubiésemos podido prestarnos las libertades;
cabalgar juntos algunas ilusiones
y despojar a la vida de pequeñas miserias.

De no haber sido porque no es posible,
tal vez hubieses podido
trocar tu corazón inaccesible,
para enseñarle al mío, que perdura suspendido,
que bien podríamos habernos querido

Si tú puedes, ¡yo puedo!

Al igual que tú… pudiera;
aferrarme a la perseverancia,
sin que ello supusiera,
vanidades ni arrogancia.

Al igual que tú… pudiera;
amar a la distancia,
si es que así lo decidiera,
con toda su implicancia.

Al igual que tú… pudiera;
optar por el olvido,
si es que así lo quisiera,
sin habernos conocido.

Al igual que tú… pudiera;
caminar otro camino,
aunque en él anduviera
a orillas del desatino.

Al igual que tú… pudiera;
jugar el juego de intentar,
pues cuanto se perdiera,
sería mucho sin arriesgar.

Al igual que tú…pudiera;
declararlo irrelevante,
para que nada sugiriera
una falta importante.

Pero también… pudiera;
darle vuelo a la oportunidad
y que la fe nos dijera,
nada es por casualidad.

Pues cada cual del otro espera,
honestidad, sueños, convicción;
que ofrezca su vida entera,
en sustento de una pasión.

Mas ninguno de ambos pudiera,
desplegar alas de ilusión,
sin que el otro accediera
al delirio de la imaginación.

Si quieres… te invito.
Y si me invitas… quiero.
Ha de haber un pedacito,
de un corazón entero.

Que sobrevivió al intento,
de poder amar sin miedo
y conserva el argumento,
del… si tú puedes, ¡yo puedo!

Introducción

“Las que no me amaron” no pretende ser una pieza con valor literario, porque su valía se sustenta en aquello que ni el dinero, ni los elogios, ni la trascendencia pudieran compensar. “Las que no me amaron” es un mensaje del Alma… son esos sentimientos que nos hicieron sentir extraordinariamente vivos y a su vez, dramáticamente muertos. “Las que no me amaron” es un agradecimiento, un reconocimiento, un elogio, -a veces plañidero, pero otras regocijante-, a esas mujeres que no supieron, no quisieron o no pudieron amarme; también a aquellas que se sintieron impedidas de hacerlo, en tanto y en cuanto tomé como opción seguir siendo yo mismo y salirme de su arquetipo de varón. A todas ellas, a las que amé con distinta intensidad y tiempos, a las que se llevaron mi ocupación, mis sonrisas y mis lágrimas, dedico estos poemas que por cada una escribí en horas sumamente especiales. Algunos de ellos, que sólo pertenecieron a una intimidad cómplice, serán resguardados con el lógico recelo que merecen, cuales piezas únicas apenas compartidas por dos. Los otros, aquí expuestos, son aquellos que alguna vez fueron publicados o tuvieron algún tipo de difusión, o bien permanecen anónimos a ellas.

 

A muchas de estas Mujeres, -apenas más de diez-(1) , que seguramente se han esforzado cada cual en su momento, por construir un feliz estar mutuo que no hemos podido lograr, les reconozco su denuedo, su poder de seducción, su devoto erotismo y sus destacadas percepciones estéticas, situaciones estas últimas que parecen tener gran determinación a la hora de enamorarme y también, de tanto en tanto, con dolor y con algunas lágrimas que a ellas dedico, debo humildemente agradecer sus engaños, sus decepciones y sus seguras no deseadas traiciones. Todos sinsabores de los cuales he aprendido, a costa de mascullar el credo de los derrotados, pero con el orgullo de ser partícipe del proceso que persiguen afanosamente los espíritus libertarios. Pues hoy, la libertad de todas ellas forma parte del gozo que siento por percibirme cómplice de la emancipación, de colaborarles por encontrar sus nuevos caminos y porque, poco a poco, el dolor de no tenerlas me ha enseñado a soltar.

 

Algunas de ellas no fueron más que, como dice Serrat, “los fugaces amores eternos”; otras han sido “mujeres-madres-amantes” inseparables, aún en el irremediable distanciamiento. A cada una de ellas debo también cada tropezón, cada caída, cada crisis, de las cuales supongo haber salido fortalecido y crecido. Por eso, debo reconocerles ser mis grandes maestras de la vida. Y no sólo en cuanto a aspectos amatorios se refiere.

 

“Las que no me amaron” también pretende diferen-ciarse de aquellas obsoletas y pobres versiones que dan cuenta, de que los poetas solemos referirnos con mayor asiduidad a las situaciones románticas idílicas. Este es un alegato, muchas veces sensual, otras triste, otras duras, pero siempre erótico; porque la vida, -como nosotros la concebimos-, lejos está de ser romántica o sexual. La vida es en esencia erótica, y es por ello que aún en el llanto, en el dolor o en la angustia del nudo en la garganta por extrañarlas, nunca he sentido ningún tipo de las emociones que ellas me han provocado, sin percibir Erotismo.

 

Por último, debo reconocer que pude aprender a darme cuenta, que no me han amado o han dejado de hacerlo, en tanto recibí la enseñanza y luego el conocimiento a modo de herramienta, que me aportara mi Amigo y Profesor, Jorge Cornejo Fernández, de que: el Amor, el Poder y la Justicia son inseparables. Es desde esa postura que hoy puedo decir, que quien no tiene actos justos contigo no te ama; tampoco pude hacerlo quien no te otorga poder. Y como sería lógico argüir también, que no ha de haber Amor sin Gratitud. Puede que ellas lo hayan ignorado, puede que lo hayan descuidado, puede que sólo en algún aspecto resulte hasta azaroso; sin embargo, lo real es hoy, que no han conseguido ser estos nuestros tiempos.

 

Como corolario, quiero decirles a todas ellas que las he querido, que las he amado, que aún las quiero y quizás también, - aunque de un modo distinto-, aún las ame. Que forman parte de los recuerdos imborrables y por tal, me acompañan vívidamente en cada instante. No considero un fracaso que no caminen junto a mí, porque fueron parte comprometida en cada tramo del sendero y les aseguro que aún hoy transitan en mi compañía por donde quiera que vaya, aunque bien pudieran tener el desatino de dudarlo.

 

A Ellas… Madres, Mujeres, Amantes, Amigas: vaya cual agasajo este modesto reconocimiento.

 

Gracias.

 

 

Javier Gustavo Girardi
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